En uno de esos escazos días en los que resulta ser emocionante ir al odontólogo-no por la visita médica en realidad, sino porque gracias a la muela, salimos de la oficina a deshora y nos encontramos con un sol hermoso: un sol Bogotano-fué que conocí al señor del pantalón de sudadera roto. Resultamos los dos sentados relativamente cerca en el casi que vacío bagón del metro. Su porte era de negociante, que tu businessman, o académico en día libre. Iba leyendo el New York Times, llevaba lentes y zapatos finos, un sentado muy elegante montando carabina, y una libreta de cuero en la que tomaba apuntes en Inglés revuelto con caracteres japoneses. Se le notaba el carisma. Sin embargo, el pequeño detalle de que tuviera un muy pronunciado orificio en su panatalón de sudadera (rodilla derecha) fue lo que me llevó a interesarme en su vida.
Me dispongo aquí a agradecerle a las nuevas medidas de seguridad por la oportunidad que me dieron de clandestinamente saber su nombre. Gracias a ellas, ahora todos los pases del metro tienen el nombre y la fotografía del pasajero. Además, a una de aquellas frenadas repentinas que no nos apetecen mucho le debo el que el protagonista de este relato dejara caer el tiquete de sus manos. Así fue como lo supe: Zafir Torrant.
Una hora después, ya al frente de un navegador, descubrí que Don Zafir -cuando era jóven- había vivido en las calles, consumiendo con esmero aquellas sustancias prohibidas. Treinta y cuatro años después, y ya recuperado, Don Zaf' es dueño de un emporio metalúrgico al igual que el presidente de una importante organización para prevenir la indigencia y adicción.
De todas formas, lo más interesante de Don Zafir es el hueco en la rodilla de su pantalón. El mismo hueco que él le ha hecho a todos sus pantalones para recordar con entereza las épocas en las que su atuendo consistía en portar muchos orificios y retazos. También, para nunca olvidar las grandes oportunidades que la vida le ha brindado.
Tal vez el señor Torrant, al igual que yo, se había tomado el día libre para ir al odontólogo. Sería un gran honor para mí si en estos momentos mi personaje escribe un relato acerca de la muchacha con pelo de muñeco de animé japonés y chaqueta roja.
Thursday, March 11, 2010
Subscribe to:
Comments (Atom)